¿La biblioteca musical puede jugar su partición a la hora del MP3?

La desaparición anunciada del disco y la ausencia del público de las discotecas de préstamo nos fuerzan a cuestionar los modelos actuales para imaginar lo que podría ser realmente un espacio de música que responda a los nuevos usos que se dibujan. Para esto, es importante inclinarse primeramente sobre la cuestión de la puesta en espacio de la música, es decir reflexionar sobre los esquemas intelectuales y culturales a la obra en nuestra representación de este arte para exponer en él la complejidad. Enseguida comprender cómo el espacio de la biblioteca y de la colección pueden construirse para dar cuenta de esta complejidad mediante un juego de equivalencias estructurales, verdadero discurso de la colección. Sin olvidar que sólamente la apropiación de este espacio por el usuario le dará su sentido. Al bibliotecario, entonces, le toca sugerir pistas, poner en escena disonancias que establecerán el diálogo entre el público y la materia, para restituir ahí toda la profundidad.